- El camino no se hace, se anda.
- En el camino se aprende amor y respeto.
- El camino te da vacaciones con propina.
- Cada uno tenemos nuestro camino, yo tengo el mío y tú tienes el tuyo.
- En el camino no esperes nada y espéralo todo.
- Los peregrinos dicen “Buen Camino”, los turistas “Hola” o “Con Permiso”.
- Cuando te equivocas en el camino puedes arriesgarte y seguir o retroceder.
- El camino ayuda a “redimensionarse”.
- En el camino hay que mantenerse humilde.
- En el camino es más sabio preguntar que saber.
- El verdadero camino empieza después del camino.
- In the camino “no pain no gain”.
- Le chemin c’est à chaque instant.
- Con pan y vino se hace el camino.
- La luz y el agua son importantes en el camino.
- Puedes parar en el camino pero tarde o temprano tendrás que volver a arrancar.
- ¿Cómo vivir los imprevistos en el camino?
- En el camino hay que tomar riesgos.
- What happens on the camino mustn’t stay in the camino.
- En el camino cuando crees que no tienes más fuerzas… sí puedes.
- En el camino lo mejor está siempre por llegar.
- En el camino uno tiene días mejores y días peores.
- A veces en el camino no se miden bien ni las distancias ni las fuerzas.
- El camino de seguir a Cristo no es fácil.
- La meta del camino, la meta de la vida, es Cristo.
- En el camino es mejor no llevar calcetines blancos a menos que tu guste el gris.
- El camino no termina en Santiago.
- En el camino no hace falta mirar el tiempo, hay que caminar haya sol o lluvia.
- En el camino siempre hay algún necio.
- En el camino hay que ser flexible para improvisar algún ajuste.
- En el camino no se puede evitar la tormenta, hay que atravesarla.
- No hacemos el camino, el camino nos hace.
- No conviene sembrar vientos para no tener que recoger tempestades.
- En el camino nunca estás solo.
- La meta es el camino.
25 octubre 2012
Frases del Camino
19 octubre 2012
26 septiembre 2012
26 Se hace camino al andar: Oliveiroa - Fisterra 40 km
Salida 7.30 - Llegada 14.45 (ida al faro, 6 km, más tarde)
Después de la lluvia sale el sol. Si ayer fue un día de lágrimas, hoy fue un día de sonrisas.
Me levanto revitalizada por la noche y oso salir aun de noche con fuerza e ilusión. Apenas 2 mn fuera y cae un chaparrón de aúpa. Pero la lluvia en los ojos me hace detener para ver justo a tiempo una flecha importante de cambio de dirección. Como ya he dicho en otras ocasiones la noche trae sus desafíos y hay que poner más atención: una buena linterna, caminar despacio, mover la cabeza a un lado y a otro (en caso de tener linterna con cinta) para asegurar que no perdemos señal, y pasos confiados.
Aun en la semi-oscuridad ya he podido percibir que hoy iba a ser, como ya me habían avisado, un día hermoso. También habían dicho que el tiempo iba a cambiar. Así ha sido. La belleza del recorrido ha sido sobrecogedora sobretodo cuando hemos empezado a percibir la costa. La lluvia y el sol han dado juegos magníficos de color en los cielos. La vegetación, mayoritariamente de color verde, también hacía aparecer aquí y allá lilas, amarillos, fuxias. El piso ha sido ideal para pies y piernas ya cansadas y para afrontar una etapa larga.
Al cabo de 5 km han anunciado el último bar en 15 km. No lo he creído. Era verdad. He parado en el primer bar que he visto, habiendo ya caminado 20 km son parar y ya en costa. Varios han tenido la misma idea. El bocadillo de tortilla era más que generoso. Lo he partido en dos y he pedido papel de plata. Al final me lo he comido todo.
Para alguien de ciudad de mar como yo, ver el mar después de tantos días ha sido especialmente emocionante. Además era el Atlántico y en acantilado. Hermoso.
La llegada a costa ha sido subiendo y bajando. He cogido la carretera que bordea la costa en Corcubión a consejo de varios para luego decirme otros dos que iba así a dar más vuelta. La gente ha sido muy amable y todos en esa zona conocen el camino. Dos me han acompañado a la dirección adecuada.
El último tramo ha sido paralelo a la playa pero yo he optado por el interior ya que con el cansancio no me atrevía a caminar sobre arena. Es aquí donde he sentido un dolor que me ha sonado a "ampolla" y así era... Por el calcetín mojado debido al zapato mojado. Pero no me puedo quejar... Desde el primer par de días no había vuelto a tener. ¡Todo un privilegio de pelegrina! Y más en un último día.
Al llegar al albergue todavía me quedaban 3 km (y vuelta) al albergue. Pero decidí ocupar plaza, descansar algo, comprar un helado y comérmelo contemplando el puerto e ir después. A pesar de las invitaciones a ir en grupo y festejar me he dado cuenta a tiempo que esto era algo que debía hacer sola. ¡Cuánto me alegro!
La llegada ha sido sobrecogedira y ae me han escapado las lágrimas. Después de hacerme una foto con el mojón km 0, contemplar a vista de pájaro, cumplir con la tradición de quemar algo (quemé mis calcetines súper favoritos), escojo una roca donde sentarme enfrente del sol que empieza a declinar (esta es la tradición, ver el atardecer). Me quedo contemplando, pensando, agradeciendo y alabando a Dios. Grandioso.
He llegado al Fin de la Tierra (Fisterra). He cumplido mi sueño. Aquí acaba mi periplo. Pero sé que detrás del mar hay más tierra que recorrer y hacia allí voy.
Ahora hay que transitar y no es fácil. No tengo reserva de transporte y mañana desde Santiago tendré que acabar de aclarar como vuelvo. Pero sé que no quiero volver en avión, demasiado para el ritmo que he llevado estos días.
Pronto podréis ver algunas fotos y algún pensamiento a modo de epílogo. ¡Gracias por acompañarme por estos 26 maravillosos días!
Después de la lluvia sale el sol. Si ayer fue un día de lágrimas, hoy fue un día de sonrisas.
Me levanto revitalizada por la noche y oso salir aun de noche con fuerza e ilusión. Apenas 2 mn fuera y cae un chaparrón de aúpa. Pero la lluvia en los ojos me hace detener para ver justo a tiempo una flecha importante de cambio de dirección. Como ya he dicho en otras ocasiones la noche trae sus desafíos y hay que poner más atención: una buena linterna, caminar despacio, mover la cabeza a un lado y a otro (en caso de tener linterna con cinta) para asegurar que no perdemos señal, y pasos confiados.
Aun en la semi-oscuridad ya he podido percibir que hoy iba a ser, como ya me habían avisado, un día hermoso. También habían dicho que el tiempo iba a cambiar. Así ha sido. La belleza del recorrido ha sido sobrecogedora sobretodo cuando hemos empezado a percibir la costa. La lluvia y el sol han dado juegos magníficos de color en los cielos. La vegetación, mayoritariamente de color verde, también hacía aparecer aquí y allá lilas, amarillos, fuxias. El piso ha sido ideal para pies y piernas ya cansadas y para afrontar una etapa larga.
Al cabo de 5 km han anunciado el último bar en 15 km. No lo he creído. Era verdad. He parado en el primer bar que he visto, habiendo ya caminado 20 km son parar y ya en costa. Varios han tenido la misma idea. El bocadillo de tortilla era más que generoso. Lo he partido en dos y he pedido papel de plata. Al final me lo he comido todo.
Para alguien de ciudad de mar como yo, ver el mar después de tantos días ha sido especialmente emocionante. Además era el Atlántico y en acantilado. Hermoso.
La llegada a costa ha sido subiendo y bajando. He cogido la carretera que bordea la costa en Corcubión a consejo de varios para luego decirme otros dos que iba así a dar más vuelta. La gente ha sido muy amable y todos en esa zona conocen el camino. Dos me han acompañado a la dirección adecuada.
El último tramo ha sido paralelo a la playa pero yo he optado por el interior ya que con el cansancio no me atrevía a caminar sobre arena. Es aquí donde he sentido un dolor que me ha sonado a "ampolla" y así era... Por el calcetín mojado debido al zapato mojado. Pero no me puedo quejar... Desde el primer par de días no había vuelto a tener. ¡Todo un privilegio de pelegrina! Y más en un último día.
Al llegar al albergue todavía me quedaban 3 km (y vuelta) al albergue. Pero decidí ocupar plaza, descansar algo, comprar un helado y comérmelo contemplando el puerto e ir después. A pesar de las invitaciones a ir en grupo y festejar me he dado cuenta a tiempo que esto era algo que debía hacer sola. ¡Cuánto me alegro!
La llegada ha sido sobrecogedira y ae me han escapado las lágrimas. Después de hacerme una foto con el mojón km 0, contemplar a vista de pájaro, cumplir con la tradición de quemar algo (quemé mis calcetines súper favoritos), escojo una roca donde sentarme enfrente del sol que empieza a declinar (esta es la tradición, ver el atardecer). Me quedo contemplando, pensando, agradeciendo y alabando a Dios. Grandioso.
He llegado al Fin de la Tierra (Fisterra). He cumplido mi sueño. Aquí acaba mi periplo. Pero sé que detrás del mar hay más tierra que recorrer y hacia allí voy.
Ahora hay que transitar y no es fácil. No tengo reserva de transporte y mañana desde Santiago tendré que acabar de aclarar como vuelvo. Pero sé que no quiero volver en avión, demasiado para el ritmo que he llevado estos días.
Pronto podréis ver algunas fotos y algún pensamiento a modo de epílogo. ¡Gracias por acompañarme por estos 26 maravillosos días!
25 septiembre 2012
25 Se hace camino al andar: Negreira - Olveiroa 33,4 km
Salida 7.50 - Llegada 15.00
Hoy ha sido mi etapa de lágrimas. Ayer fue malo. Hoy peor. Hoy no se ha levantado el día.
La lluvia ha llegado de todas las maneras: leve, moderada, fuerte. También el viento: leve, moderado, fuerte. Y también la combinatoria de lluvia con viento. Se ha puesto la cosa peor cuando todavía quedaban por lo menos 8 km. Entonces he decidido volar para acabar con todo esto lo antes posible. Pero la etapa ha sido muy larga en kilómetros y todavía no se como lo he hecho.
Mi vista ha estado prácticamente pegada al suelo. Para evitar la lluvia en los ojos, para ver donde ponía el pie y para tratar de no pisar caracoles, gusanos y otros que hoy me han acompañado en el camino.
He tenido un susto en un momento de desorientación cuando un coche se ha parado por detrás mío y alguien ha salido de forma precipitada. Pero muy amable el señor me ha indicado el camino. No he respirado a ritmo metros después de haber escuchado el coche marchar.
Hemos llegado todos al albergue chorreando y con el frío metido en el cuerpo. No se ha secado la ropa ni los zapatos (hoy Goretex o no, no importa, todos se han mojado). La calefacción solo funciona a partir de las 22.30. Pero claro hay que evitar condensación.
He estado casi toda la tarde en la cama metida en mi saco salvo los momentos de comida que me han calentado y unos minutos que ha salido el sol y he tenido que ir a sellar y pagar el albergue.
Vuelvo a estar metida en la cama. Mañana no voy a Muxia sino directamente a Fisterra. Dicen que la ruta es más hermosa pero sobretodo porque el tiempo no va a cambiar.
Todo esto es parte del camino también, así como la vida. Las tormentas no se pueden evitar, hay que caminar a través de ellas con resistencia, con perseverancia, con seguridad. Al fin y al cabo después de la lluvia sale el sol, tarde o temprano.
Hoy ha sido mi etapa de lágrimas. Ayer fue malo. Hoy peor. Hoy no se ha levantado el día.
La lluvia ha llegado de todas las maneras: leve, moderada, fuerte. También el viento: leve, moderado, fuerte. Y también la combinatoria de lluvia con viento. Se ha puesto la cosa peor cuando todavía quedaban por lo menos 8 km. Entonces he decidido volar para acabar con todo esto lo antes posible. Pero la etapa ha sido muy larga en kilómetros y todavía no se como lo he hecho.
Mi vista ha estado prácticamente pegada al suelo. Para evitar la lluvia en los ojos, para ver donde ponía el pie y para tratar de no pisar caracoles, gusanos y otros que hoy me han acompañado en el camino.
He tenido un susto en un momento de desorientación cuando un coche se ha parado por detrás mío y alguien ha salido de forma precipitada. Pero muy amable el señor me ha indicado el camino. No he respirado a ritmo metros después de haber escuchado el coche marchar.
Hemos llegado todos al albergue chorreando y con el frío metido en el cuerpo. No se ha secado la ropa ni los zapatos (hoy Goretex o no, no importa, todos se han mojado). La calefacción solo funciona a partir de las 22.30. Pero claro hay que evitar condensación.
He estado casi toda la tarde en la cama metida en mi saco salvo los momentos de comida que me han calentado y unos minutos que ha salido el sol y he tenido que ir a sellar y pagar el albergue.
Vuelvo a estar metida en la cama. Mañana no voy a Muxia sino directamente a Fisterra. Dicen que la ruta es más hermosa pero sobretodo porque el tiempo no va a cambiar.
Todo esto es parte del camino también, así como la vida. Las tormentas no se pueden evitar, hay que caminar a través de ellas con resistencia, con perseverancia, con seguridad. Al fin y al cabo después de la lluvia sale el sol, tarde o temprano.
24 septiembre 2012
24 Se hace camino al andar: Santiago - Negreira 21 km
Salida 7.55 - Llegada 13.30
Ha sido un gusto estar en una habitación individual por una noche. Ayer sentí ya deseos de volver a casa y esto es bueno. Aun y así no he dormido tanto como hubiese querido. Esta mañana he podido despedirme de mis amigos en la oscuridad de la sala común de camas. Se me ha hecho un nudo en la garganta y en mi salida de Santiago he retenido mis lágrimas. Pero esta parte en solitario es necesaria para mí y así es la vida, a veces un adiós continuo.
Me consuela ligeramente el desayuno que me he propuesto en el café Botafumeiro cerca de la catedral: chocolate con churros. Cual es mi decepción al ver que está cerrado y también la mayoría de panaderías que había visto ayer. No será hasta dos horas después que me sentaré a desayunar pero será en mejor tiempo: en pleno aguacero. Y no quedan churros así que será ración de tortilla de patatas. Pero está recién hecha y está riquísima.
La salida de Santiago es hermosa, todavía bastante en silencio, con algún estudiante en la calle ya y apenas un par de peregrinos en la plaza del Obradoiro. El camino me lleva a unas vistas magníficas de la ciudad. El amanecer tapado por las nubes. Sé que por mucho que corra hoy, el agua me pillará. Y así es, bien bien. Pero no me puedo quejar, será el primer día en 24 y bien tengo que usar la ropa impermeable.
La mayoría de la etapa transcurre por caminos estrechos de tierra repletos de eucaliptos y helechos y algo de carretera. Es hermoso. La etapa sube y baja. El gris del cielo le da el ambiente de recogimiento que hoy necesito. Sé que hoy y los días que quedan tengo que andar sola. Así que después de tratar de hacérselo comprender a un alemán ya no tengo más problemas después.
Alguien ha dejado una caja con fruta en una parada de autobús para los peregrinos, todo un detalle..
Llego al albergue municipal temprano y me alegro porque al poco está completo y hoy sé que necesito tiempo para descansar. Es un gusto dormir en cama y no en litera. Y este albergue tiene cocina con menaje. Así que me decido, aprovechando un claro en el tiempo, a bajar la cuesta de nuevo después del descanso para hacer algunas compras y cocinar.
Se nota que hay menos personas ya en este tramo. Mañana seguimos.
Ha sido un gusto estar en una habitación individual por una noche. Ayer sentí ya deseos de volver a casa y esto es bueno. Aun y así no he dormido tanto como hubiese querido. Esta mañana he podido despedirme de mis amigos en la oscuridad de la sala común de camas. Se me ha hecho un nudo en la garganta y en mi salida de Santiago he retenido mis lágrimas. Pero esta parte en solitario es necesaria para mí y así es la vida, a veces un adiós continuo.
Me consuela ligeramente el desayuno que me he propuesto en el café Botafumeiro cerca de la catedral: chocolate con churros. Cual es mi decepción al ver que está cerrado y también la mayoría de panaderías que había visto ayer. No será hasta dos horas después que me sentaré a desayunar pero será en mejor tiempo: en pleno aguacero. Y no quedan churros así que será ración de tortilla de patatas. Pero está recién hecha y está riquísima.
La salida de Santiago es hermosa, todavía bastante en silencio, con algún estudiante en la calle ya y apenas un par de peregrinos en la plaza del Obradoiro. El camino me lleva a unas vistas magníficas de la ciudad. El amanecer tapado por las nubes. Sé que por mucho que corra hoy, el agua me pillará. Y así es, bien bien. Pero no me puedo quejar, será el primer día en 24 y bien tengo que usar la ropa impermeable.
La mayoría de la etapa transcurre por caminos estrechos de tierra repletos de eucaliptos y helechos y algo de carretera. Es hermoso. La etapa sube y baja. El gris del cielo le da el ambiente de recogimiento que hoy necesito. Sé que hoy y los días que quedan tengo que andar sola. Así que después de tratar de hacérselo comprender a un alemán ya no tengo más problemas después.
Alguien ha dejado una caja con fruta en una parada de autobús para los peregrinos, todo un detalle..
Llego al albergue municipal temprano y me alegro porque al poco está completo y hoy sé que necesito tiempo para descansar. Es un gusto dormir en cama y no en litera. Y este albergue tiene cocina con menaje. Así que me decido, aprovechando un claro en el tiempo, a bajar la cuesta de nuevo después del descanso para hacer algunas compras y cocinar.
Se nota que hay menos personas ya en este tramo. Mañana seguimos.
23 septiembre 2012
23 Se hace camino al andar: Monte do Gozo - Santiago de Compostela 4,8 km
Salida 7:45 - Llegada 9:00
El albergue de Monte do Gozo no nos hace salir hasta las 9.00 pero sé que mi despertador interno me despertará en el momento justo para salir en el mejor momento. Solo sé que no quiero salir con las masas e incluso les he dicho a mis amigos que quiero hacer este tramo sola. Quedamos en vernos en la misa de la catedral.
Salgo todavía de noche y con el día no queriendo acabar de arrancar. Salgo sola aunque en el albergue hay mucho movimiento. Quizás es verdad que muchos apenas durmieron (los que se quedan en Santiago). Gracias a Dios yo no me enteré y dormí una buena noche. Este albergue es un albergue especialmente habilitado para recibir a muchos peregrinos. Está organizado en barracones que pueden acoger a unas 180 personas cada uno sumando 30 barracones, por lo tanto unas 800 personas. No me acaba de convencer nada este lugar, parece más bien un campo de concentración (aunque las habitaciones son muy majas, de ocho personas, y nosotros solo somos 4 esa noche). Pero todo es de cemento. La noche me impide ver de nuevo este aspecto más bien lúgubre.
A la vuelta de la esquina y como si pudiese cogerla con la mano está Santiago aun sumergida en oscuridad bajo las luces artificiales. El cielo arranca sus colores azules y rosas pero pronto al apagarse las luces de las lámparas me doy cuenta de que está el cielo bien gris.
Bajo, sumida en mis pensamientos y apenas consciente de que ya estoy llegando, con un profundo sentimiento de gratitud a Dios. Si en algo puedo resumir esta experiencia es en "regalo".
El cartel de "Santiago" me llena de emoción y la ciudad me recibe con lluvia. Esta no cesará apenas en todo el día. Toda la lluvia que evité estos 22 días caerá con fuerza y con un viento tremendo.
Tengo la opción de dejar la mochila en el albergue pero opto por llegar a la plaza del Obradoiro con ella. Ha sido mi compañera fiel y tiene que llegar al destino final.
Callejear por las calles todavía sumidas al sueño, solamente interrumpidas por el fuerte viento, las concersaciones - algo demasiado ruidosas para mí - de otros peregrinos, y la apertura de algún comercio, me llenan de emoción. No solo por haber cumplido un sueño sino por recuerdos de hace años cuando estuve en una campaña evangelística con estudiantes.
La belleza y magnitud de la plaza del Obradoiro es estropeada por unos coches y postes de la casa Coca Cola. Hay una carrera ciclista a punto de empezar y esto estropea la mágia de mi llagada. Pero trato de hacerlo a un lado. Miro, veo a alguien conocido, nos hacemos las fotos, emocionante.
Me dirijo después a la oficina del Peregrino a recoger mi Compostela (escrita en Latín) y después de dejar mi mochila en el Seminario Menor (me he regalado una habitación individual), pasar por la oficina de turismo a confirmar mi tramo a Fisterra y coger un desayuno mega rápido, todo esto pasado por agua, (la crema de la pasta que me como es tan abundante que se me sale por todos los dedos) me dirijo a la Catedral para asistir a la misa de los peregrinos.
Está la iglesia a rebosar, tanto tanto que no solamente no me puedo sentar (más tarde tendré que hacerlo en el suelo porque mis pies y espalda no me aguantan) sino que desde el rincón donde me sitúo no podré ver nada sino solo escuchar. Es curioso, pero parece que los peregrinos se han multiplicado por doquier pero yo solamente reconozco a un puñado.
El cura habla de la necesidad de darse a los demás y morir a sí mismo y dejar las contiendas los unos con los otros. Hay que ser humildes como los niños. Algo que nos enseña textos de Marcos y Santiago y también el camino en el que hemos tenido que aprender a ser más solidarios. Ahora hay que seguir en el camino de la vida. La meta es Cristo, y no siempre es fácil seguir a Cristo. Antes de encender el botafumeiro (muy impresionante por cierto), nos recuerda que debemos ser olor fragante de Cristo. ¡Señor, ayúdame!
Lástima de tantos peregrinos extranjeros que no entendieron porque todo se hizo en español.
La tarde es de descanso y cenamos con varios amigos para celebrar. No nos despedimos "adecuadamente", quizás es mejor así. La mayoría paran, yo mañana sigo hacia Fisterra "El final del mundo".
El albergue de Monte do Gozo no nos hace salir hasta las 9.00 pero sé que mi despertador interno me despertará en el momento justo para salir en el mejor momento. Solo sé que no quiero salir con las masas e incluso les he dicho a mis amigos que quiero hacer este tramo sola. Quedamos en vernos en la misa de la catedral.
Salgo todavía de noche y con el día no queriendo acabar de arrancar. Salgo sola aunque en el albergue hay mucho movimiento. Quizás es verdad que muchos apenas durmieron (los que se quedan en Santiago). Gracias a Dios yo no me enteré y dormí una buena noche. Este albergue es un albergue especialmente habilitado para recibir a muchos peregrinos. Está organizado en barracones que pueden acoger a unas 180 personas cada uno sumando 30 barracones, por lo tanto unas 800 personas. No me acaba de convencer nada este lugar, parece más bien un campo de concentración (aunque las habitaciones son muy majas, de ocho personas, y nosotros solo somos 4 esa noche). Pero todo es de cemento. La noche me impide ver de nuevo este aspecto más bien lúgubre.
A la vuelta de la esquina y como si pudiese cogerla con la mano está Santiago aun sumergida en oscuridad bajo las luces artificiales. El cielo arranca sus colores azules y rosas pero pronto al apagarse las luces de las lámparas me doy cuenta de que está el cielo bien gris.
Bajo, sumida en mis pensamientos y apenas consciente de que ya estoy llegando, con un profundo sentimiento de gratitud a Dios. Si en algo puedo resumir esta experiencia es en "regalo".
El cartel de "Santiago" me llena de emoción y la ciudad me recibe con lluvia. Esta no cesará apenas en todo el día. Toda la lluvia que evité estos 22 días caerá con fuerza y con un viento tremendo.
Tengo la opción de dejar la mochila en el albergue pero opto por llegar a la plaza del Obradoiro con ella. Ha sido mi compañera fiel y tiene que llegar al destino final.
Callejear por las calles todavía sumidas al sueño, solamente interrumpidas por el fuerte viento, las concersaciones - algo demasiado ruidosas para mí - de otros peregrinos, y la apertura de algún comercio, me llenan de emoción. No solo por haber cumplido un sueño sino por recuerdos de hace años cuando estuve en una campaña evangelística con estudiantes.
La belleza y magnitud de la plaza del Obradoiro es estropeada por unos coches y postes de la casa Coca Cola. Hay una carrera ciclista a punto de empezar y esto estropea la mágia de mi llagada. Pero trato de hacerlo a un lado. Miro, veo a alguien conocido, nos hacemos las fotos, emocionante.
Me dirijo después a la oficina del Peregrino a recoger mi Compostela (escrita en Latín) y después de dejar mi mochila en el Seminario Menor (me he regalado una habitación individual), pasar por la oficina de turismo a confirmar mi tramo a Fisterra y coger un desayuno mega rápido, todo esto pasado por agua, (la crema de la pasta que me como es tan abundante que se me sale por todos los dedos) me dirijo a la Catedral para asistir a la misa de los peregrinos.
Está la iglesia a rebosar, tanto tanto que no solamente no me puedo sentar (más tarde tendré que hacerlo en el suelo porque mis pies y espalda no me aguantan) sino que desde el rincón donde me sitúo no podré ver nada sino solo escuchar. Es curioso, pero parece que los peregrinos se han multiplicado por doquier pero yo solamente reconozco a un puñado.
El cura habla de la necesidad de darse a los demás y morir a sí mismo y dejar las contiendas los unos con los otros. Hay que ser humildes como los niños. Algo que nos enseña textos de Marcos y Santiago y también el camino en el que hemos tenido que aprender a ser más solidarios. Ahora hay que seguir en el camino de la vida. La meta es Cristo, y no siempre es fácil seguir a Cristo. Antes de encender el botafumeiro (muy impresionante por cierto), nos recuerda que debemos ser olor fragante de Cristo. ¡Señor, ayúdame!
Lástima de tantos peregrinos extranjeros que no entendieron porque todo se hizo en español.
La tarde es de descanso y cenamos con varios amigos para celebrar. No nos despedimos "adecuadamente", quizás es mejor así. La mayoría paran, yo mañana sigo hacia Fisterra "El final del mundo".
22 septiembre 2012
22 Se hace camino al andar: Ribadiso da Baixo - Monte do Gozo 37,1 km
Salida 7.35 - Llegada 18.40
Creo que tantos años de campamentos de estudiantes sin duda me han preparado también para esta experiencia del camino de Santiago. No solamente por el tema albergues, comunidad, etc. sino pensando ahora sobretodo en los síndromes "post-campa". Parece que hoy el síndrome ha caído un poco de forma inesperada y con antelación. La etapa ha sido larga y muy cansada. Yo ya me desperté con dolor en las piernas (de piernas cansadas) que no había sentido antes y ya sabía desde el primer momento que no iba a ser fácil sin embargo también estaba la emoción de los últimos kilómetros y la inminente llegada. Quizás es por eso que tampoco calculamos bien distancias y fuerzas. Quedarnos en una etapa "normal" hubiese sido difícil pero seguir se vio complicado por la falta de albergues en la última etapa oficial antes de llegar a Santiago. La cosa ha quedado en que hemos hecho más de 37 km estirando nuestro cuerpo quizás más allá de nuestros límites si además añadimos los factores emocionales.
La etapa ha sido hermosa en muchos tramos de nuevo y el clima ha acompañado fenomenalmente. Hoy hemos tenido que compensar parando más a menudo y tomando los refrigerios necesarios. La experiencia no ha sido siempre la mejor en cuanto a camareros se refieren pero nos queda un día y hay que tratar de evitar confrontaciones innecesarias.
Parece que la magia del camino ha desaparecido. Todo se vuelve más masivo, más ruidoso, menos introspectivo, más cansado. Además se mezclan expectativas en cuanto a lo que nos vamos a encontrar en Santiago. Para esto habrá que esperar...
Y yo no termino todavía... Ya que me dirijo a Finisterre. Quizás estos días serán claves para acabar de ordenar mis pensamientos y a la vez recoger las experiencias vividas y ver como estas se han de reflejar en el camino que sigue después: el camino de la vida.
Creo que tantos años de campamentos de estudiantes sin duda me han preparado también para esta experiencia del camino de Santiago. No solamente por el tema albergues, comunidad, etc. sino pensando ahora sobretodo en los síndromes "post-campa". Parece que hoy el síndrome ha caído un poco de forma inesperada y con antelación. La etapa ha sido larga y muy cansada. Yo ya me desperté con dolor en las piernas (de piernas cansadas) que no había sentido antes y ya sabía desde el primer momento que no iba a ser fácil sin embargo también estaba la emoción de los últimos kilómetros y la inminente llegada. Quizás es por eso que tampoco calculamos bien distancias y fuerzas. Quedarnos en una etapa "normal" hubiese sido difícil pero seguir se vio complicado por la falta de albergues en la última etapa oficial antes de llegar a Santiago. La cosa ha quedado en que hemos hecho más de 37 km estirando nuestro cuerpo quizás más allá de nuestros límites si además añadimos los factores emocionales.
La etapa ha sido hermosa en muchos tramos de nuevo y el clima ha acompañado fenomenalmente. Hoy hemos tenido que compensar parando más a menudo y tomando los refrigerios necesarios. La experiencia no ha sido siempre la mejor en cuanto a camareros se refieren pero nos queda un día y hay que tratar de evitar confrontaciones innecesarias.
Parece que la magia del camino ha desaparecido. Todo se vuelve más masivo, más ruidoso, menos introspectivo, más cansado. Además se mezclan expectativas en cuanto a lo que nos vamos a encontrar en Santiago. Para esto habrá que esperar...
Y yo no termino todavía... Ya que me dirijo a Finisterre. Quizás estos días serán claves para acabar de ordenar mis pensamientos y a la vez recoger las experiencias vividas y ver como estas se han de reflejar en el camino que sigue después: el camino de la vida.
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